LA PINTURA COMO ALTERNATIVA

Desde la estética de Baumgarten la imitación no se contempla como elementos esencial de lo artístico como tampoco lo es dela pintura de Luis Sanus, aunque sea un artista que antepone la figuración a la abstracción. El predominio de la figura humana en sus obras es una constante, sin embargo, lo que mejor las define es la esquematización de los rasgos de los personajes y su carácter puramente referencial. Su composición es caógena y desordenada, propia de un artista que opera sobre figuras reconstruidas y deformadas, sin renunciar a la plasticidad de la pintura.

Los tipos preferidos por Luis Sanus son aquellos que resumen en su aspecto sus propias inquietudes y angustias. Sus personajes hacen pensar en una posible actitud crítica yo la exageración de los rasgos permite apreciar una leve ironía, y, sobre todo, no realiza una representación racional, sustituye el conocimiento lógico formal por la soledad y el miedo. Su paleta, sombría y oscura, trabaja con apariencias de hombres lacerados por el artista en todas sus eventualidades. Su pintura se traduce n formas tensas y agudas, descompone la figura con pincelada intensa, enérgica y gestual, intuye la realidad trágica y pavorosa en la que estamos inmersos y la presenta con absoluta elocuencia. Esta es su manera de entenderse con el mundo, expresando la contradicción de lo humano. Elimina pátinas y posibles adornos para ofrecernos una pintura que arranca de la protesta, donde su contenido, es la única forma de llegar a su comprensión, que, es todo menos unívoco.

Luis Sanus recupera ese espíritu antipositivista readaptando un discurso legado del expresionismo y mirando desde su interior rechaza todo posible hedonismo sensible. Es un artista que grita la desesperación, la decepción y la amargura con una pintura plena de melancolía, soledad y desasosiego. No sabemos si son sus sueños secretos o sus reflexiones metafísicas, pero sí sabemos que no se refiere al acontecimiento, sino que su obra está eternamente ligada al destino humano.

Toni Calderón
Valencia 1998.