DIOSES, DEMONIOS, CONJUROS

Todos los animales tenemos unos sentidos que nos podrían poner en relación con aquello que nos constituye que nos rodea. Tenemos también unos sentimientos, diríamos, que nos apetecería expresar. Sin embargo, convencidos – vete a saber por qué-, de que somos racionales, casi nunca conseguimos ni actualizar aquella posibilidad, ni satisfacer este anhelo; circunstancia por la cual acostumbramos a pasar el rato –tristemente, eso viene a ser la vida para la mayoría- cómodamente resguardados dentro de esa concha de caracol que vigilan nuestros Dioses y nuestros demonios:

Nos apetece creer que nuestras verdades no son aquellas mentiras que esconden.

Nos agrada pensar que la realidad que nos rodea es como dice aquél que le da la vuelta.

Nos complace que las cosas sean como son porque no podrían ser de otra manera.

En definitiva, estamos de lo más orgullosos de nuestro ombligo, porque es el más bonito.

Sin embargo, las cosas pueden ser (vistas) de otro modo. El artista – porque el artista no le tiene miedo a la intemperie- lo intuye. El artista sabe, también, mostrar la forma cómo podríamos atravesar la concha de caracol que aunque a veces reneguemos de ella, nos mantiene sanos y salvos.

Honestamente, porque de otra forma no es posible, Luis Sanus, en esta exposición, nos enseña –esa es su manera de conjurarlos- sus demonios y sus Dioses, que son los nuestros. Ahora ya lo podemos ver. Pero, ¡cuidado! a partir de ahora, y gracias a la magia del exorcismo, ellos también nos pueden vigilar desde los cuadros; presumiblemente tienen más perspectiva.

He aquí cómo la exposición se convierte en un drama. Que nos liberemos o no, todo dependerá del valor que tengamos para asumirlo (claro está, que si te tiemblan las piernas, siempre puedes prenderles fuego).

Francesc Ferrando
Marzo de 2.000.