CREADOR Y CRIATURAS

Es absurdo plantear un discurso donde la creación artística sirva de partida y de análisis de la obra de Luis Sanus sin la premisa recogida de la Antigüedad Clásica de que "Nada puede surgir de la nada". Tampoco se puede hacer, si se quiere vincular con uno de los aspectos que desde la vanguardia persigue al arte contemporáneo, la relación arte-vida.

Viendo de manera global toda su obra, no se puede discernir su capacidad de creación con la de imaginación, dos criterios que para nosotros parecen un acto consumado, y cuyo producto fue la obra de arte del artista, una obra individual, irrepetible y además casi nunca cerrada, abierta a los cambios por la propia relación entre artista y obra.

Luis Sanus imita la realidad, su propia realidad. De alguna manera, en esto estriba su creatividad individual y personal. Si observamos su corpus temático, basado en la imagen, vemos que nos lleva a adentrarnos en el interior tanto de su mundo, particular y propio, como también del nuestro, el que nos rodea: crítica o denuncia social, visiones interiores, introspección, mujeres, la vida nocturna, la naturaleza. Todo ello en relación con la sociedad actual, el individualismo, los miedos y los placeres desenfrenados, expresados plásticamente con una fuerza desgarradora. Su creatividad se basa en la expresión de sus pinceladas, que nos lleva de la mano para introducirnos en un cosmos pictórico lleno de dicotomías y transgresiones, sobre todo de manera aparente. Lo que se trasmite es la necesidad de hablar, de decir cosas, de expresar su propia vida a través de la pintura. La necesidad de verse reflejado en lo creado.

Nos invita a descubrir sus seres grotescos, catalizadores de tormentos y pasiones. Aquellos capaces de emerger, a pesar de estar envueltos y tamizados bajo una serie de capas formadas no únicamente por pigmentos. A manera de terapia, se trata del hecho de desgarrarse las vestiduras, dejando en carne viva la sensación de desnudo, sacando a la superficie esos monstruos deformes, en ocasiones amorfos, para que no perjudiquen tanto. Sin embargo, no se tata de seres perversos, sino perturbados, trastornados, sin orden ni concierto aparente, pero que sí navegan bajo sus propias coordenadas, propias del mundo en el que habitan.

Es evidente su conocimiento de la historia del arte, las referencias nos son claras y palpables. Ello hace que su obra llegue tanto por sus temas, como por la forma en que son expresados. Sin duda fue la vanguardia europea la que apuntó de manera más clara el desarrollo del mundo moderno, rapidez, superposición y desenfreno individual, propio de la sociedad en la que nos movemos. El resultado: un arte producto de su necesidad interior.

El hombre percibe sensaciones desconectadas, incompletas, disformes, que ensambla configurando imágenes, y que son la materia prima que después desarrolla el artista con la creación de la obra, dando forma a aquello con lo que entra en contacto. Con la plasmación de la realidad circundante, ya sea interior o exterior, consigue convertir y hacer realidad la expresión arte-vida. Es la unión total del creador con la criatura, formando parte uno del otro.

Todo esto es Luis Sanus. Un mecanismo fabril en movimiento, un mundo vibrante, gestual, matérico, tremendamente espontáneo, sugestivo y violento, que a pesar de todo se hace cercano y sensible. Colores y luces que se mezclan aportando una potencia generadora de sensaciones y malestares. Acción y reacción de si mismas.

Arantxa Pérez Grau.