LUIS SANUS

Cierro los ojos y todavía lo veo y lo siento sentado en clase.

Era Luis, y es, alto, corpulento, de facciones firmes y apretadas. Tenía ya entonces, y tiene, además, una mirada escrutadora, una risa fácil y difícil, según cuando, y una conversación larga y diversa que reserva para sus mejores amigos.

Todos nosotros teníamos, como él, dos ojos. Pero los ojos de Luis no se cerraban ya entonces a la realidad porque desde siempre supo que quien cierra los ojos a la realidad, pronto o tarde acaba viendo visiones y hay ocasiones en que toda una sociedad se vuelve visionaria. Él caricaturizaba su entorno, lo convertía en sarcasmos y…alguna vez lo castigaron por eso.

Él no lo sabía…pero ya era artista. Era artista en el fondo de su ser, porque la vida ya lo inquietaba. Los estudios “tradicionales” se le iban convirtiendo en un suplicio. He dicho, a sabiendas, los estudios tradicionales…porque yo no he olvidado el interés que en él suscitaba todo lo que era verdad en los entresijos de la historia: la pobreza soportada, los abusos de poder, la dificultad conscientemente buscada, el servilismo comprado…

Todos nosotros teníamos, como él, dos manos. Pero las manos de Luis siempre estaban inquietas, porque buscaban, sin aún saberlo, ser un instrumento capaz de llevar todos sus mundos interiores, que son muchos y confusos, al exterior.

Y eso es lo que ahora está haciendo: Luis pinta. Y ¿qué es lo que pinta?  ¿Por qué es tan variado? ¿Por qué nos atrae de forma insensata? ¿Por qué no es posible sentir indiferencia ante un cuadro suyo? ¿Por qué nos inquieta y nos hace pensar?

Porque es Luis el que pinta, porque Luis es variable, porque Luis no es lineal, porque Luis no se oculta y huye de lo que es fácil, porque en Luis hay mil mundos que luchan por estar ahí fuera reflejados, porque pinta con carne, con sangre y sentimientos, que dormir no le dejan, porque, si el mundo cambia a gran velocidad, su mundo es un gran vértigo que arrastra lo que toca, que tarda en detenerse, que busca sin cesar…

Y busca en sus recuerdos de tiempos ya lejanos, y busca en unas flores que vio desde un balcón. Busca en las reuniones de personas cansadas, busca cómo le afecta el mundo que lo envuelve, y todo lo convierte al pasar por su yo.

Todo en él es afecto. Afecto y desafecto. Quién mucho ama…mucho critica lo que odia. Y esto es la paleta de color que Luis utiliza: No lo veréis huir de rojos encendidos, de azules inquietantes y verdes obsesivos. No le asusta el color. A él no le asusta…nada.

Creo que estoy mintiendo: Sólo hay  una cosa que le asusta verdaderamente y es él mismo. Quisiera, a veces, ser lo que no es…y le horroriza no ser cómo es. ¡Cuánto dilema se encierra en el alma de un artista! ¡Cuánta soledad! ¡Cuánto miedo!

Pero no siempre. Por eso entre sus cuadros veréis tantas pinturas de trazo diferente y tema diferente. Él no siempre es igual. Tampoco lo pretende. Él es él y procura que el mundo lo conozca, que la gente lo vea tal y como él es: ¿moderno o postmoderno? Eso no le interesa porque huye de etiquetas y convencionalismos. A él le interesa la vida, su vida, nuestra vida porque es algo que late, que sufre, que emociona, disfruta, goza y siente.

Si no fuera complejo explicar nuestra esencia, si nos fuera muy fácil dejarnos traspasar por el mirar del otro, si no nos importa que no nos entendiesen en nuestro yo más íntimo…todos seríamos artistas consumados, porque de eso se trata. Y ahí está Luis Sanus, pasándonos su mundo, mirando por nosotros, captando nuestras vidas, interpretando el ser y estar que nos rodea, facilitando el cómo interpretar diversa realidad.

Y ahora él es el maestro. Las tornas se han cambiado y aprendo de sus cuadros.

Gracias por cada cuadro, porque aprendo con todos a mejor conocerte, a mejor conocerme. Gracias por ser tan tú, por no falsificarte.

Amparo Ombuena
Marzo de 2.000.